lunes 14 de septiembre de 2009

FASTOS DEL TEMPLARIO


Monótonos cardúmenes escanciando un mar inagotable.

Tediosas moscas soportando la lluvia.

El azul de esa noche improvisando el tenue gris de “esa” madrugada

Miríadas de parásitos aferrados a la violenta escollera.

Las leyes interdictas del rutinario ocaso.

El otoño, rastrojeado y feliz.

Su voz esperando, olvidada para siempre.

Geométricas banderas al viento, sobre el triste promontorio de un sueño.

Corazas, mascaras, y altas lanzas, enfilando hacia la batalla perdida.

Mapas, naos, derroteros..., navegaciones inútiles. Sombras que acuden.

INTUICION URBANA


Perros vagos merodean en la ciudad que duerme.

La madrugada es un vaho frío que humedece el asfalto y difumina las luces.

Una silueta camina titubeante entre los perros y las bolsas enlutadas de la basura.

Ha de ser un ebrio, un suicida o un poeta, porque los perros no ladran.


jueves 6 de agosto de 2009

NOCTURNO INUTIL


Túmulos solitarios delimitan tu crepúsculo.

Aves ciegas se disuelven hacia el horizonte.

El mar es una línea quieta e inmutable.

Roqueríos y frías estrellas te confunden.

Hurgas en tu memoria el siglo perdido.

(Hay ruidos lejanos que desconoces.)

Tus manos han cristalizado en puños impotentes.

Es la noche vertiginosa y total. Hembra enemiga.

Todo prodigio te enternece hasta el dolor.

Los perros del insomnio te acometen en jauría.

Las lentas horas impregnan la porosidad de los sueños.

Descubres asustado tus propias huellas en la arena.

Crees imaginar que es el final de la noche.

A BOCA DE OTOÑO


Lento se derrumba el otoño en sus breves e innumerables matices del ocre.

Retornan las aves para vivir en territorios conocidos las lluvias venideras.

Con sobria certeza una tierra sedienta espera el invierno adormecida de estío.

La brisa inicial mece las últimas arboladuras apurando amarillos, almagres y rojos.

Un sol tenaz se desliza torvo por el cauce quieto del día, desencantado.

Cristalizan los verdes renovados sobre las derrotadas hierbas previendo primavera.

Cantos de pájaros y susurros de follaje reseco asumen una atardecida sinfonía.

Aun no hay musgos, las cicatrices del verano se remiten a esas pequeñas ausencias.

El hombre transcribe unos versos a la espera de una intensidad que no llega.

Las rutinas otoñales inician en su alma las trizaduras acostumbradas.

Ya no lo cercan fantasmas, simulacros ni mascaras, los años aplacaron sus muertos.

lunes 20 de abril de 2009

APUNTES EN LA CASA VACIA


Cuartos vacíos que susurran falsos susurros.


Se intuyen furtivos fantasmas en rincones donde alguien lloró.


Hay un jardín silencioso que aguardan ya no la primavera.


La luz ilumina sin sombras; absurda, opaca, quieta.


No hay ecos ni pasiones que propongan recuerdos.


Solo crujidos demarcan el silencioso día de la silenciosa noche.


Escondidos en la pulcritud de un orden hay niños que no juegan.


Alegrías, dolores, soledades, buscan en la ausencia una memoria.


Sin olores, sin suspiros, sin risas, el aire cristaliza y se rompe.


Las paredes se miran impasibles como espejos inútiles.


Los muebles, los cuadros, las lamparas, abrumados de quietud, desaparecen.


Un hombre escribe estos versos en medio del vacío.


martes 7 de abril de 2009

DEL OFICIO CIERTO


La extensa arena de la página vacía lo acecha sin horizontes.

Arden las palabras cansadas en monótona y precisa sucesión.

El hombre inclinado sobre el papel agota precarias combinaciones.

Juega al sonido de otra voz, al parco asombro, a la venerada nostalgia.

El tiempo disgrega molinos y laberintos, crepúsculos y pájaros, él no está solo.

Fríamente estipula las condiciones de un duelo y la magia de unos ojos.

Se traba riguroso en la grieta invisible por donde se le escapa un rostro.

En la fragua y a golpes forja la filigrana dolida de una antigua angustia.

Demora hasta el fracaso la estricta definición del amor porque no la conoce.

Corrige una y otra vez las tibias cenizas esparcidas en renglones.

Busca un verbo distinto que soporte la lluvia pero el azar se lo niega.

Consumido ya el fuego de su alma, borronea melancólico este obvio final.


DE AÑIL Y VERBOS


La palabra es brusca música que busca lejanas oquedades para no ser eco.

El Verbo irrumpe en tierras resecas. Aun no es agua ni semilla.

Sin surco todo verso es arena y después ceniza impalpable.

Sordas multitudes veneran antiguas voces muertas.

Crisálida oculta, un ruido menor hunde su raíz en silencio.

Otras mañanas vendrán abiertas a los inmortales misterios.

Los que no vieron irán dolientes en tumulto deslumbrados.

Inquietos susurros solapados esperan la hora y la voz.

La Diosa se rinde seducida al monologo del triste por el arte mayor de la palabra.

El Poeta se esconde asustado de la magia de su engaño y su fuego.

Oscurece. El Tiempo, enemigo impasible, espera los ecos venideros.