jueves, 16 de septiembre de 2010

APROXIMACION FINAL


Vagando sobre la densa soledad que lo fustiga, un hombre piensa.


Hay cansancio, distancias, digresiones románticas sobre los mismos temas.


El Tiempo, disuelto en ocios y vagas esperanzas, cobra ahora su torva venganza.


La Verdad se le fue de las manos, atareado en pequeñas verdades inútiles.


El Placer, derrotero perenne, era siempre efímero, escaso o parco.


El Amor que buscó urgido y a contramarea, estaba en el quieto puerto del zarpe.


La Tranquilidad del alma la logró fácil pero tarde; era cosa de tiempo.


Lo Material, aunque nunca le importó, le fue asignado sin preguntas, sin empeño.


De los Afectos solo permanecen los de siempre, los ganados se perdieron.


Por suerte los años, como ratas, carcomen el pobre granero de su memoria.


No hace la suma porque sabe y teme el brutal resultado; cero.


miércoles, 1 de septiembre de 2010

LEVE CIRCUNSTANCIA PERSONAL


La mascara del día ha caído. En la noche el hielo y el viento frío.


Sin Luna, hay rumores de fantasmas y tenues crujidos.


Un horizonte de roqueríos y sombras amenaza con filosas siluetas.


Acontece un hecho cotidiano; un hombre agoniza. Sin un quejido.


Se van unos ojos hacia adentro, y otra única realidad se apaga.


Es invierno sin lluvias, solo el frío, el viento, el mar cristalizado.


Lento en la penumbra el tiempo escurre como un río cansado.


Es suerte si su estirpe le refleja en los siglos venideros y no es sombra difusa en estos soles pasajeros.


Es suerte si el tiempo le perdona más allá de su rostro en el espejo.


Vestigios, o despojos, de hechos numerosos abandonan su memoria.


Cuenta los rostros, o las mascaras, que un día le sonrieron.


Enumera gestos distintos o voces en las penumbras, certezas que poseyó en cierto lugar, en cierta hora y ya no.


Su tiempo se disgrega en detalles precisos pero inútiles.


Solo le duele el esplendor de unos versos que perdió en el ajetreo o el tumulto.


Lo demás son gentes, años o lugares, códigos ya indescifrables.


Ahora solo siente una íntima condición de ausencia, y la pequeña victoria de unos ojos persistentes.


Esta es su noche, la ultima.


El hecho es mínimo, otra vanidad de ser único se disuelve en la nada.


Estorbo será mientras lo corroe el olvido.



sábado, 28 de agosto de 2010

CARTOGRAFIA FINAL


El tiempo es una serpiente ávida de victimas y oscuridades.


El invierno se rompe en lluvias rutinarias, en fríos rincones y aguas.


Se perfila una imagen de sortilegios antiguos y un ámbito de pena.


Hay un roce que abunda en ociosas caricias, en turbios ardores, en tímidos intentos.


Muros limitan la mirada, el ocaso, el cielo que se pierde, las aves y el viento sagrado.


Un hombre se asume (o se hunde) en su historia, con su maldición y su magia.


Ha buscado los derroteros a contracorriente y ha sido vencido.


Siniestros engaños le ocultan ahora los signos de los mapas, ciego a los faros y las costas.


Sometido al error, abrumado de urgencias y memorias se rinde al tosco azar de su viaje.


No hay puertos en sus rumbos errados. Sueña con el horror de un naufragio.



viernes, 27 de agosto de 2010

DE UNA SOLA VOZ


Briosos corceles de cascos acerados cabalgan por el filo aterciopelado de la noche.


Lentas mantarrayas destrozando los lúbricos crepúsculos.


Guacamayos esparciendo todos los rojos, todos los amarillos, todos los verdes.


Esplendecentes miríadas de peces entre algas y torrentes oceánicos.


Vacuos sonidos ululando en los altos acantilados marinos.


El destello efímero de la última luciérnaga escindida a contraluz del insomnio.


Las estridencias de venusterio del voluptuoso carnaval del miércoles de ceniza.


Las tonalidades verdiazules del mar de los náufragos sangrientos.


Endriagos y vestiglos danzando sobre los huesos cristalizados del arcángel.


Las sales de los territorios encendidos en medio del plenilunio.


Las piedras muertas ruborizadas por el plagiado atardecer.


Una voz recitando los versos escritos por las medusas en las arenas negras del solsticio.


miércoles, 11 de agosto de 2010

SOMBRA EN LA CITA


Vivir es no volver nunca al mismo lugar.

Henry Miller


Sobre la frescura de la noche se despliega otro año inútil.


Desde la repetida pared unos rostros muertos nos observan.


Ella, ágil, líquida, inquisidora y peligrosa; piensa.


Ella, reina de fuegos y juegos, ungida por el verbo; ríe.


Cruza la noche la filosa espada del año que fluye, quizás el último.


Alguien en plena soledad nos mira y se rompe fragmentado.


Acude cierta sombra a la cita, inesperada, como esa lluvia imposible.


Toda palabra repite en un eco siniestro Su ausencia.


Falta, porque todas fingen Su rostro.


domingo, 8 de agosto de 2010

VISION FINAL


Día vivirás, ya cerca del fin, estragado el cuerpo, el alma desgastada, con solo tiempo para hacer la suma.


Te dolerán los días que perdiste buscando nadas, afanando torpezas y viviendo errores.


Veras que construiste templos que no duraron tus siglos, e hilaste sueños, imposibles o inútiles.


Dolorosa tarde en que sabrás, si la razón te asiste, que el aquí y el ahora nunca fueron tuyos.


Los rumbos los fijaba tu carne ansiosa; los vientos tus instintos, tus anhelos.


Las turbias corrientes fueron tus miedos, las derrotas, apenas el hambre.


Tormentas y estiajes, no tú, negaban caudal o decretaban torrentes.


Entenderás con asombro que el azar construyo tus reinos y el mismo azar los volvió ruinas.


Estas imágenes te perseguirán como jauría, cuando cercano el fin estés ya vencido.




viernes, 23 de julio de 2010

PREMONICION DE CULPA


Cuídate del día siguiente, porque oirás crujir la balanza y la puerta del perdón estará cerrada.


Salvados serán los locos y los sabios, (no los poetas), los que no supieron, los sordos, los mudos, los ciegos.


No aquel que vino, vio y venció sino el iluso, el mendigo, el que simplemente esperó.


Urge entonces Su cólera para que en esa última penumbra te asombre la quietud del olvido.


DE UN DIA GRIS AZUL


Es un día gris azul de sombrío desencanto


Sobrevuela su alma la desesperación de la carne


Escancia la hiel y el vinagre el Tiempo enemigo


Hacia donde mira hay esquinas inciertas, rincones oscuros


Los muros devuelven ecos siniestros de ausencias sin rostro


Una breve intensidad reverbera en un aire opaco, tibio


La obscena densidad de Su imagen lo turba, lo invade de hastío


Se siente perdido, muerto en una acera donde escurren aguas sucias


Un relente fresco oloroso a rosas mustias lo va diluyendo, rompiendo


Alcanza a intuir la inutilidad de todo antes que un vaho gris azul lo alcance.



jueves, 15 de julio de 2010

PIEDRAS


Las gárgolas que festonearon los templos


La piedra gris que resistió a Cesar


Las piedras milenarias que duermen en la arena ardiente de Ghiza


La piedra del molino de las aspas heridas por un loco


La piedra rota de la victoriosa memoria de Samotracia


Las pequeñas piedras perladas de la playa del poeta


El empedrado que pisó Isabel de Aragón camino al convento


La piedra quieta que nadie nunca se atrevió a arrojar


La roca que hizo rodar un ángel en la puerta de una tumba el tercer día para que Aquel se levantara de entre los muertos


La piedra donde el indio molió el maíz de tu estirpe


El mármol reconstruido, (que triste), que te ocultará para siempre de los días.


DE ELLA, TODA SOLEDAD


Duermen en Sus ojos las crisálidas de aquellas perdidas primaveras.


Busca en la quieta esperanza un día con un aquí y un ahora distintos.


Intuye o desea que túnel de Sus insomnios se abra al fin al soleado paraíso.


Su rostro dibuja en su tristeza la sagrada soledad de sueños cristalizados.


Sabe que enterrado en la nostalgia está el amor del que aun no ha bebido.


Su boca miente el embrujo de la pena, sin palabras, sin un gesto, toda soledad.


En Su reflejo de reina inmóvil, la musa agoniza en silenciosa melancolía.


Allí están los ponientes de Su reseca comarca con Su infancia en fragmentos.


Allí Su delicada juventud como un largo otoño y su premonición de nieve.


Sobre Su belleza sobrevuela un halcón hambriento de Su encanto incesante.


Día llegará en que la atrape, una tarde de lluvias inciertas, con feroz ternura.


Será esa noche entonces, sin Su arduo presente, que anidaran sus ausencias.


Solo el secreto de un lejano y alto roquerío verá como encienden sus sueños.



domingo, 4 de julio de 2010

DE DUDAS E IMPOSIBLES


Dejó sus terrores hundidos como semilla muerta en Su ajena y lejana tierra.


Rompió el pacto con si mismo de no volver a buscar los escondidos paraísos.


Borró uno de sus nombres para aplacar Sus furias y Sus celos, inútilmente.


Alcanzó a tocar su imagen, oír su voz, a encender los fuegos nocturnos del deseo.


Esos pocos días se deshacían en arena o cenizas durante las noches a trastiempo.


Se sacó algunas de sus mascaras y habló en la verdad mas secreta de su oscuro laberinto.


Sé rindió solemne a la evidencia equivoca de que sus ojos y su boca existían.


Habitaban en horas, tardes y días distintos, pero en las noches coincidían en los sueños.


De pronto la realidad inundó con su opacidad la dulce tentación y su hechizo.


Aun quemándose en Sus palabras entendió que el final era obvio, aunque parecía imposible.


Vencido, se dejó llevar por Sus mareas hasta los tristes roqueríos del desamparo.


Urdieron una trama, la vivieron y dolieron, saben que no les será fácil el olvido.




sábado, 3 de julio de 2010

ESTE OTOÑO


Se desbarató el viejo damasco en sus oros pervertidos.


Las lluvias asolaron los vestigios del ciruelo con mano amarga.


Incólumes olivos hacen como que el otoño no les incumbe.


La palmera altiva cambia sus dedos secos para aplaudir la futura primavera.


Muerto el acacio yace ensortijado contra el cielo.


El eucalipto tañe la brisa fría en olorosa condescendencia.


Hileras de esqueletos tristes contemplan desde arriba los tréboles nacientes.


Los naranjos se renuevan en verdes distintos que tras azahares cobijaran sus pequeños soles atardecidos.


Los palquis, optimistas y soñadores, ya estallaron en renuevos sin esperar el solsticio venidero.


El pino inconmovible oculta en sus brotes su ternura.


El musgo avanza alegre hacia la batalla de siempre que sabe perdida.


Hay brotes surgiendo y hojas muertas y madera pudriéndose, todo a la vez, como si el otoño mismo no existiera.




lunes, 28 de junio de 2010

EL DINTEL


Grata quietud cuaja en el alma cuando los buenos años ya sucedieron.


Cansada sangre ha encontrado el remanso, la orilla o la ciénaga.


Los ojos ven colores y formas; solo la dulce superficie de las cosas.


Afanes, desvelos y fervores destilan las últimas gotas de los sueños.


Décadas que urdieron infinitos intentos, se quiebran resecas en el olvido.


Se confirma lo siempre sabido: al final solo importa lo vivido.


Toda soberbia, todo orgullo, toda victoria, son ahora disgregados escombros.


Unas manos y unos ojos cercanos, acaso una voz, persisten como siempre a su lado.


El camino ya no se bifurca, es uno y claro, la razón es inútil.


Ahí está la puerta, el baúl arrastrado hasta aquí con febril vehemencia, no cabe.




lunes, 21 de junio de 2010

CALIGRAFIAS PERSONALES


Los iridiscentes rastros de caracol en los muros de su infancia.


La añosa corteza del ciruelo con su otoño a quemarropa.


Los ondulantes restos de pequeños naufragios en aquella playa.


Los nudos en la madera de un lejano cielo raso mientras espera.


Su sombra bajo todas las Lunas que la perseguían cuando caminaba a Su lado.


Las vengativas huellas de los años en Su rostro imperturbable.


Las grietas de dolores y desengaños que acumuló en su corazón.


Las siluetas de los mástiles contra el rojo atardecer en una caleta silenciosa.


Dos sombras en el vértice del rompeolas, esa única noche.


Los signos secretos con que Sus ojos le odiaron.


Los sinuosos surcos de las lombrices después de todas las lluvias de su infancia.

SIGNATURAS


Los derrumbes, los naufragios, los exilios, las obsesiones que lo desgastaron por años.


Las sucesivas estaciones vividas en soledad, silencio y lejanía.


Las cicatrices de los días como la herrumbre de los barcos anclados demasiado tiempo.


Los sueños inciertos que abrumaron no pocos insomnios.


Los rincones oscuros donde fueron sucediendo los días y sus noches, tenaces e iguales.


Las batallas y las guerras, pequeños placeres o tristezas que hoy no vale la pena recordar.


Los seres que lo amaron y los seres que lo odiaron, ahora sombras indistinguibles.


La vida como un caudaloso y profundo río subterráneo que nunca encontró su vertiente.


Las pequeñas incertidumbres de las esperanzas incumplidas.


Las difusas y tristes imágenes de alguien irreconocible.


La tibieza de un tacto y unos ojos que ya son parte de un pasado ilusorio.


Los habitantes imperceptibles del mero comercio de lo que fue cotidiano.


Todo lo que se amó, transformado por el tiempo o el olvido, en cenizas impalpables.



miércoles, 9 de junio de 2010

DEL OCASO


Las lentas naos del ocaso inician cansadas su última navegación en el silencio.


Con el alto velamen tremolante tuercen el rumbo hacia la noche siguiendo un oriente equivocado.


Perros color violeta rastrean los pasos en las largas calles solitarias, aullando contra un azul que se oscurece escurriendo entre matices furiosos.


Un instante verdiazul que no cuaja se hunde sin dejar huella ni eco.


La verde intensidad de otro oleaje siniestro se despliega socavando el horizonte.


Hay un reverbero dorado verdoso buscando, sin llegar a consumarse, el amarillo final de un estremecimiento oceánico.


Anaranjados peces incandescentes surgen de la espuma sobre un ancho mar ensangrentado.

OBSERVACIONES DEL VIAJERO INSISTENTE


Volví al lugar donde los sueños se rompían, se quebraban, se fragmentaban, siempre.


Las calles tenían ahora esa misteriosa intensidad que asumen las cosas que intuimos estamos viendo por ultima vez.


La gente era mas difusa aun que en el recuerdo, navegantes inútiles y ciegos.


Nadie tenía rostro ni voz, solo siluetas que no alcanzaban a alterar el paisaje.


El mar silencioso y quieto era el mismo, solo sus altas gaviotas algo más tristes.


El tiempo era claramente más lento, menos siniestro, como inofensivo.


El sol iluminó las calles eliminando los últimos vestigios. Entonces, la mañana estremeció las sombras sobre un territorio distinto.


Todo era menos; el azul del pequeño cielo, el ruido del tumulto, el poco verdor de los pocos árboles, el áspero desierto mas arriba, la delicada sensación de soledad. Todo.


Las nostalgias, escritas en un idioma muerto, de deshacían al releerlas como un demasiado antiguo palimpsesto.


Alguien faltaba, por olvido o ausencia, pero la quietud de ese breve universo la hacían ya innecesaria.


Sentí después, cuando ya me alejaba, la monótona circunstancia de un adiós definitivo.