
Te iras, te buscará la muerte entre los rostros de ese día.
Su mano fría te salvará de la infamia del dolor
Amanecerá con colores de crepúsculo, las horas de ese día serán lentas, tardas, tristes
Tus pecados, las traiciones, las mentiras, tus pequeñas miserias y burdas vanidades, se irán de ti como palomas asustadas
Tus desesperaciones perderán el poder sobre tu sangre.
Los sagrados vínculos del odio se romperán como un cristal.
La intranquila conciencia se abandonara a la impunidad del olvido.
Se rendirá al fin la esperanza al sosiego del fin.
Laxa tu mano buscará hacia la tarde otra mano, alguien humedecerá tus labios, solo entonces se justificara el amor.
Desde esa noche, limpia ya tu sombra en la agonía, altas, muy altas esfinges cuidaran para siempre tu alma.
Toda ausencia finalmente dejará de doler.